| Llegaron las lluvias, y un nuevo examen | ![]() | ![]() | ![]() |
| Escrito por Administrador | |||
| Miércoles 23 de Junio de 2010 00:00 | |||
Una cosa son los períodos climáticos con vaivenes húmedos y secos que caracterizan a la región. Pero otra muy distinta, es que esos ciclos secos sean cada vez más profundos y dañinos por la acción del hombre, quien tras la necesidad de resolver la inmediatez termina poniendo en riesgo su propia supervivencia y la del sistema. Sabemos que la Patagonia está conformada por ecosistemas áridos y semiáridos, que se caracterizan por tener escasas precipitaciones y sequías recurrentes. Pero en los últimos años, se produjo uno de los períodos más secos registrados en la historia, provocando una importante pérdida de animales, una erosión del suelo sin precedentes y daños ambientales y económicos que impactaron de manera muy negativa en la región, tanto en sus zonas rurales como urbanas. Sin dudas, la sequía ha hecho méritos por si sola. ¿Pero cuánta capacidad hay en la mano del hombre para reducir el impacto? ¿O cuánta responsabilidad tenemos en el hecho de que se haya acrecentado? ¿Es posible estar mejor preparados conociendo las particularidades de nuestro ambiente? Claro que si, sería la respuesta teórica que cualquiera daría. Pero en la práctica, valga la paradoja, mayormente hacemos agua. Hoy estamos frente a un nuevo examen, uno que venimos desaprobando hace mucho y que reiteradamente debemos recuperar. Pero las posibilidades se reducen, porque las consecuencias de desaprobar frente a la naturaleza son cada vez mayores. Actualmente, la tendencia climática seca parece estar teniendo una nueva e incipiente transición hacia un ciclo húmedo, sobre todo en el Este de la provincia de Río Negro, donde la llegada de las lluvias está trayendo algo más que un alivio a los productores, quienes en su mayoría parecen volver a los campos con renovadas fuerzas y algo de amnesia sobre lo sucedido. Sin embargo, las secuelas de las sequías son varias y permanecen: disminución del stand de plantas, pérdidas importantes de suelo, baja productividad y escasa o nula disponibilidad de forraje. Durante estos meses, las observaciones a campo realizadas por técnicos referentes del grupo Propastizal, Programa para el Manejo Sustentable de los Pastizales Naturales financiado por la Ley Ovina, muestran cuatro situaciones bien marcadas en cuanto al estado de las forrajeras: - Coronas muertas. - Coronas con escaso crecimiento que llevarán al menos un ciclo completo para su recuperación. - Plantas que debido a sus reservas han comenzado un crecimiento “casi” normal. - Y pequeñas coronas producto de la germinación de semillas. En el marco de estas observaciones el análisis por especie ha demostrado una mejor recuperación en la flechilla fina, en la flechilla negra y en la flechilla grande, pero una menor respuesta en la flechilla mansa y en el Coirón Poa. Dadas las circunstancias, la heterogeneidad de especies y de situaciones disímiles plantea un desafío importante para los productores a la hora de planificar el pastoreo. En casos donde el daño a las coronas ha sido importante, una utilización prematura va a devenir, inexorablemente, en la pérdida total de las plantas. Alentando el manejo responsable y planificado de estos recursos escasos, y teniendo en cuenta lo devastadora que ha sido y sigue siendo la experiencia de la sequía, sumada a las secuelas producidas por la sobrecarga animal en los campos, es recomendable que los ganaderos verifiquen a terreno la disponibilidad forrajera de cada cuadro, como así también la situación en la que se encuentran las coronas, para ajustar las cargas en consecuencia o directamente no exigir esos espacios. De esta manera, los productores podrán darle uso a aquellos potreros en los cuales no se visualiza una tendencia regresiva importante del pastizal, y permitirán a la vez la recuperación de los cuadros mas comprometidos. La determinación del tiempo de pastoreo y la planificación de la rotación de los cuadros, son también dos aspectos fundamentales si verdaderamente buscamos no comprometer aún más la situación actual. En este sentido, será necesario seguramente dar descanso a algún cuadro del campo para favorecer su recuperación, permitiendo que las especies forrajeras vuelvan a tener el vigor necesario para crecer y nutrir a los animales apropiadamente. Dadas las nefastas consecuencias de las sequías y la sobrecarga en los establecimientos ganaderos, que trascendieron las zonas rurales para alcanzar a las ciudades, observar y planificar deberían ser en la actualidad –más que nunca- dos premisas productivas. Los avatares climáticos no se pueden eludir. Pero sí es posible aprender de los errores cometidos y tratar de no repetirlos en el presente, para asegurar un futuro sostenible y próspero a las nuevas generaciones. El estado puede y debe comprometerse en sistemas de prevención de emergencias y alerta temprana, y en este marco, los productores deberán asumir también un rol protagónico para liderar el cambio, logrando sistemas eficientes y sustentables.
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| Última actualización el Martes 03 de Agosto de 2010 09:42 |
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